Cuando Internet es una herramienta improductiva

Estamos acostumbrados a escuchar y leer acerca de las maravillas de internet como herramienta útil y, sin duda, estamos de acuerdo con que efectivamente lo es. Pero ¿en qué situaciones deja de serlo?
- Correo electrónico. Ten cuidado con el uso que haces del correo electrónico que se te asigna en tu trabajo. Procura no usarlo para enviar mensajes personales, tanto para gente externa a la empresa como para alguien que se encuentre trabajando allí contigo. Cuídate de no emitir opiniones sobre proyectos o empleados de la empresa por esta vía. Y por nada del mundo te quejes de supervisores, gerentes o jefes de la corporación en algún correo que emitas desde esa cuenta. ¿Por qué tanta precaución? Bien sabido es que la política de seguridad informática de las empresas las avala para que, si estas así lo desean, sean registrados todos los movimientos que hacen los empleados en los ordenadores. Por eso, siempre corres el riesgo de que la información que envías o manejas a través del correo electrónico destinado a los asuntos laborales pueda ser interferido y visto por terceros.
Por otro lado, sé cuidadoso cuando respondes un e-mail; cuídate de no poner “responder a todos” si lo que en realidad quieres es “responder” a una sola persona. Aunque no lo creas, éste es el caso más típico de información filtrada por error.
- Redes sociales. El boom de las redes sociales nos obliga, por lo general, a destacar las maravillas que éstas representan. Es indiscutida la infinidad de beneficios y aspectos positivos que tienen estos medios tan recientes, como lo son Facebook y Twitter. Pero ¿qué pasa cuando no los usamos con prudencia? Increíblemente, usarlos sin precaución podría llevarnos al desempleo. ¿Cómo?
Utilizamos este tipo de redes como medio de expresión. A través de ellas, emitimos opiniones, publicamos fotos, compartimos con el mundo aquello que deseamos dar a conocer: desde un determinado estado de ánimo, hasta la canción de amor que le escribimos a nuestra pareja para el día de nuestro aniversario. Eso está muy bueno, y hoy en día, casi nadie se atreve a afirmar lo contrario. El problema es cuando nuestras publicaciones llegan a los “oídos” equivocados.
En este último tiempo, se han conocido casos que ejemplifican este conflicto. Podríamos citar el de un hombre suizo que, en horario de trabajo, publicó a través de Twitter que estaba aburrido. Tiempo después, sus jefes lo citaron para comunicarle que estaba despedido y que ya podía comenzar a buscar un empleo que lo aburriera menos. O también, el caso de un estadounidense que dijo que estaba enfermo y faltó al trabajo. Sin embargo, el hombre no pudo contenerse y subió a Facebook las fotos de la fiesta a la que había asistido durante su supuesta convalecencia. Supo que sus jefes las habían visto cuando recibió el telegrama de despido.