La carta de presentación

Cuando preparamos nuestro currículum, lo hacemos sin pensar en ninguna empresa en particular. Es decir, cada vez que lo enviamos en respuesta a algún aviso, no lo modificamos según el puesto, el empleador o el rubro. Y si lo hacemos, son pequeños detalles los que cambiamos, agregamos o eliminamos, pero no más que eso. Cuando armamos el currículum, volcamos nuestra biografía laboral de un modo objetivo y sin demasiadas particularidades.

Sin embargo, hay veces en las que nos encontramos con ofertas laborales a las que sería conveniente responder de una forma un tanto más completa; el CV nos resulta un poco insuficiente para figurarle al empleador nuestro perfil y nuestros intereses. Y es en esas ocasiones cuando podemos recurrir a la carta de presentación.

La carta de presentación es una valiosa herramienta que acompaña al currículum, pero que tiene la particularidad de, justamente, ser particular: cambia según el mensaje que quieras transmitir, la empresa en la cual desees trabajar, el puesto al que te quieras postular, etc. La carta es de gran importancia, por ejemplo, cuando nos dirigimos a una empresa sin la necesidad de que ésta esté realizando una búsqueda de empleados. Más que quien en ningún otro caso, en éste, la carta deberá despertar el interés e inquietud por conocer a la envió. Pero en general, la carta debe aprovecharse para exponer las propias motivaciones y posibilidades. La carta no es una serie de datos concisamente expuestos como el currículum; es un análisis un tanto más profundo de lo que cada uno posee en materia de habilidades, capital intelectual, experiencia y, además, de lo que se espera alcanzar y lograr con todo eso, dentro de esa empresa. La presentación por carta es el momento adecuado para exponer nuestros intereses y argumentar cuáles son nuestras posibilidades de contribuir con el proyecto de la empresa a la que nos dirigimos; la oportunidad para describir la motivación que nos provoca ocupar ese puesto de trabajo que tanto anhelamos.

De todas formas, hay que tener cuidado con las cartas muy detallistas porque, a fin de cuentas, estamos hablando de una presentación y no de una novela. Quien la lea deberá quedar satisfecho con nuestro nivel de entusiasmo por trabajar y, en la medida de lo posible, convencido de que somos la persona ideal para ocupar el puesto vacante. Sin embargo, debemos preocuparnos por no perder el “misterio”. Esto significa que, si bien la carta puede hacerle pensar al entrevistador que somos “el indicado”, no nos olvidemos de que nadie es contratado sólo por haber enviado una carta de presentación. Una vez enviada la carta, tendremos que atravesar, por lo menos, la instancia de entrevistas. Entonces, es una buena idea que la carta resulte sugerente y despierte en el entrevistador ganas de conocerte un poco más, o sea, de pasar a la etapa siguiente del proceso de selección: la entrevista.