Las mujeres quieren trabajar

La imagen de la mujer luchando por insertarse en el campo laboral en igualdad de condiciones que el hombre parecería ser, hoy en día, una cuestión algo vieja o, al menos, ya casi solucionada. Por suerte, la situación fue evolucionando, y la mujer, con mucho trabajo y sacrificio, logró conquistar terrenos impensados para su género en otras épocas. Poco a poco, el género femenino fue destacándose más allá de esas tareas ancestralmente asignadas: los hijos y el hogar. Sin embargo, y aunque no lo parezca, aún es un poco pronto para afirmar que hombres y mujeres se encuentran en igualdad de condiciones.
Desde el momento de la entrevista, la mujer se ve inevitablemente asociada al rol de madre y ama de casa. El entrevistador pone especial atención a cuáles son la previsiones de la entrevistada con respecto a la maternidad y sus ganas de formar una familia. Lo que él quiere escuchar es que eso no se encuentra entre tus planes a corto plazo. De hecho, aquellas que ya tienen hijos deben esforzarse el doble para demostrar que son altamente capaces para organizarse y que logran conciliar la vida laboral con la familiar sin inconvenientes. Pero claro, la maternidad no tendría por qué ser una traba en la carrera profesional de una mujer. Si hay algo que las distingue, son justamente esas condiciones únicas que conlleva la maternidad y que, contrario a lo que suele pensarse, les otorgan características valiosas para cualquier puesto.
La mayor traba laboral para las mujeres se presenta cuando se trata de cargos de alta responsabilidad, como la gerencia, por ejemplo. Esto ocurre porque siempre se vuelve a lo ya mencionado en este artículo: la asociación de la mujer con los compromisos familiares. Entonces, para acceder a este tipo de puestos, además de las aptitudes clásicas que hay que poseer, la mujer debe demostrar que está dispuesta a dar prioridad absoluta a los asuntos empresa. Lo que esto implicaría es: asistir a reuniones después de hora, viajes, horas extra, etc. Claro que no es fácil combinar esta situación con una vida familiar cuando, efectivamente, la candidata tiene hijos o planea tenerlos a corto plazo; pero también es cierto que no todas las mujeres se encuentran en dicha posición. El problema es que, ante la duda, la empresa prefiere apostar a lo seguro y contratar a un hombre.
Con respecto al hombre, se suele prever que, ante situaciones imprevistas en el hogar y la familia, la esposa estará ahí para hacerse cargo y ocuparse. Lamentablemente, no es común que esto suceda de manera inversa. Sin embargo, hacia allí vamos. Las estadísticas indican que en el año 2008 la mujer se incorporó en pleno en el mercado laboral y que cada vez son más las parejas que comparten y se reparten las tareas de la casa de una forma más igualitaria. Es sólo una cuestión de tiempo, como siempre lo fue.