¿Qué buscan las grandes empresas? (Parte II)

Los requisitos que las grandes empresas pretenden encontrar en los postulantes para los puestos que desean cubrir no siempre son tan fáciles de interpretar. Ya no se trata sólamente de saber un idioma en particular o poseer tal o cual conocimiento específico. Si se tiene en cuenta el contexto extremadamente cambiante y dinámico en el que vivimos, estaremos empezando a comprender por qué los departamentos de recursos humanos ponen el foco en personas responsables, prudentes, comunicativas, con capacidad de análisis y apertura intelectual.

En medio de tanto desequilibro, los empleadores buscan estas características en sus futuros empleados en pos de alcanzar la estabilidad tan deseada. Pero ¿a qué se refieren puntualmente?

Responsabilidad. Cumple las funciones que se le asignan en tiempo y forma. Asume las tareas que le designan con plena conciencia y prudencia, sin perder de vista los detalles que hacen a la imagen de la empresa y sus normas. Planifica el trabajo de manera que puedan alcanzarse los objetivos sin tener que llegar a una situación de trabajo bajo presión. Toma todos los recaudos necesarios antes de embarcarse en cualquier proyecto; prevé probables inconvenientes y planifica de antemano soluciones posibles para estos.

Prudencia. Esta característica depende, de alguna manera, del nivel de humildad de quien la posee. La prudencia se advierte en aquellos empleados que saben expresar sus opiniones e ideas con cautela y sin adelantarse a los hechos. Dentro de un equipo de trabajo se valora que los integrantes no emitan juicios que no puedan sustentar debidamente y que midan las consecuencias de sus intervenciones. La prudencia también habla de quienes saben resguardar la intimidad de la empresa. Cuidar los proyectos de ésta es una tarea de sus empleados, que se logra preservando los datos que sean claves y manejando absoluta discreción con posibles competidores.

Apertura intelectual. En el ámbito laboral es conveniente dejar fuera las cuestiones personales y enfocar estrictamente en los objetivos del trabajo que se está afrontando. Es preciso demostrar amplitud para recibir críticas sin trasladarlas al plano personal o sentirse afectado por ellas. Modificar las propias ideas en base a críticas de otros compañeros de equipo es sumamente valioso porque implica que lo primordial es el proyecto y la intención de que el resultado sea el mejor.

Capacidad de análisis. El empleado sabe captar las señales de la competencia y emplearlas en beneficio de su empresa. Tiene capacidad para sacar provecho de toda la información que lo rodea, tanto fuera de la empresa para la que trabaja como dentro de ésta. Por ejemplo: capta aciertos y errores en las ideas expuestas por sus colegas; reconoce virtudes y debilidades en sus compañeros y planifica el trabajo en base a ello.

Comunicación. Cuando el empleado comunica sus ideas, éstas funcionan como una especie de motor de los proyectos. Sus propuestas orientan y definen rumbos. Esto es porque tiene la capacidad de expresar y trasmitir sus propuestas con claridad. A su vez, sabe escuchar a sus interlocutores y capitalizar sus opiniones.